Participación ciudadana y salud comunitaria: las claves del Proyecto CAIR en el barrio de Carrús


Reunión participativa con varios miembros del barrio

La salud de una comunidad va mucho más allá de la atención clínica hospitalaria y la dispensación de fármacos. Elementos determinantes del entorno cotidiano, como el trazado urbano, el tejido asociativo, los espacios verdes de esparcimiento y el arraigo vecinal, resultan cruciales para el bienestar integral de la población. 

Bajo esta perspectiva holística se desarrolla el Proyecto CAIR, una iniciativa de investigación e intervención comunitaria que sitúa a los ciudadanos en el centro de las decisiones sobre su propio bienestar. Poniendo su foco de acción en el emblemático barrio ilicitano de Carrús.

CAIR demuestra que la salud pública más eficaz es aquella que se concibe de abajo hacia arriba: escuchando, colaborando y transformando el barrio junto a su propio vecindario.

La ciencia ciudadana en acción

Tradicionalmente, los estudios epidemiológicos han adoptado una perspectiva distante. Equipos técnicos acudían a los barrios para recopilar encuestas impersonales y procesar datos a puerta cerrada. En contraste, el Proyecto CAIR rompe de raíz con este modelo vertical y apuesta de lleno por la ciencia ciudadana.

En Carrús, los vecinos no son meros sujetos de estudio ni receptores pasivos de diagnósticos, sino coinvestigadores activos de su propia realidad. Nadie conoce mejor las necesidades, fortalezas y dinámicas de una comunidad que quienes habitan y transitan sus calles a diario. 

Para elaborar este diagnóstico contextual y relacional, el equipo no se limitó a pasar cuestionarios convencionales, sino que involucró a los agentes sociales más próximos al barrio: centros de atención primaria, asociaciones vecinales y, de forma muy destacada, las farmacias comunitarias.

Las farmacias de barrio representan en muchas ocasiones el primer punto de apoyo social y sanitario de proximidad. No funcionan únicamente como puntos para recoger medicamentos; son espacios de confianza y encuentro donde los residentes conversan, comparten sus preocupaciones e interactúan de manera cotidiana. Al integrar a las farmacias y entidades vecinales en la recogida de datos y en las dinámicas participativas, el proyecto logró una radiografía real de la salud en Carrús.

Diagnóstico inicial

Tras completar la evaluación preliminar, el equipo de CAIR organizó un acto público de devolución en el propio barrio para compartir los primeros resultados con la ciudadanía participante.

Entre las conclusiones más llamativas figura el sólido sentido de pertenencia: alrededor del 75% de los residentes encuestados (tres de cada cuatro personas) declaró sentir un profundo arraigo e identificación con Carrús. 

Este apego colectivo es un cimiento fundamental para la salud pública, ya que sostiene redes de apoyo mutuo y favorece una convivencia estrecha, elementos que protegen el bienestar físico y emocional del vecindario.

En lo relativo a la autopercepción general del estado de salud, aproximadamente un 77% de la población la calificó como «buena» o «excelente». No obstante, al desglosar estos datos afloró una brecha de género recurrente: los hombres muestran una percepción de salud positiva más alta que las mujeres, existiendo una diferencia en torno al 10%. A pesar de que las mujeres registran estadísticamente una mayor longevidad, con frecuencia conviven con una mayor carga de enfermedades crónicas, situaciones de dolor no resueltas y sobrecargas derivadas del cuidado familiar o la desigualdad estructural del sistema patriarcal, lo que impacta de lleno en su calidad de vida cotidiana.

Mapeo del tejido relacional: los sociogramas

Como parte clave de las metodologías participativas, se recurrió al uso de sociogramas, una herramienta cualitativa que permite identificar, de manera conjunta, a los actores clave (instituciones, asociaciones, colectivos y personas) presentes en el barrio y el tejido de relaciones de la comunidad, desde la perspectiva de los participantes (grupos poblacionales y profesionales de la comunidad).

Los resultados revelaron una red comunitaria viva pero heterogénea. Desde la perspectiva de los diferentes grupos poblacionales, se evidenció la importancia tanto de la red familiar y comunitaria como de los centros sociales y sus actividades, los cuales se posicionan como principales nodos de contención social y de salud. Asimismo, se visibilizó el papel clave de las figuras de representación y mediación cultural para favorecer la vinculación de algunos colectivos en el territorio. Por otro lado, la radiografía comunitaria mostró oportunidades de mejora en la articulación intersectorial entre administración, asociaciones y comunidad, destacando la necesidad de fomentar espacios de encuentro, canales de comunicación fluidos y fortalecer el tejido asociativo del barrio.

Sociogramas con población joven

Activos de salud

Otro de los pilares del proyecto es la identificación de los «activos de salud», entendidos como aquellos recursos presentes en el entorno que la propia población reconoce y como útiles para mejorar su bienestar.

Se recorrió el barrio preguntando a los vecinos por estos activos en salud y los elementos más valorados fueron los naturales , los sociales y los urbanos. En una zona caracterizada por la elevada densidad urbanística y de población. Los vecinos señalaron la importancia de las plazas, parques y espacios verdes como determinantes para su salud. Además, disponer de comercio local y espacios donde encontrarse con otros vecinos y poder convivir y cuidarse obtuvo un alto reconocimiento por la población.  

El reto de la participación

A pesar del profundo arraigo de los vecinos hacia Carrús, al consultar a los residentes si en el último año se habían involucrado activamente en iniciativas comunitarias orientadas a mejorar la salud del barrio, solo un porcentaje muy bajo respondió afirmativamente. Más llamativa aún fue la segmentación por edades: esa implicación procedía casi exclusivamente de personas mayores de 65 años, franja donde la participación ascendía hasta rozar el 20%. Por el contrario, entre la población joven y adulta en edad laboral, la implicación comunitaria resultó prácticamente nula.

Este contraste se explica tanto por una mayor concienciación y preocupación por la salud en la tercera edad, como por la disponibilidad de tiempo libre tras la jubilación frente a las dificultades de conciliación de la población activa. El gran reto que encara el proyecto radica en diseñar fórmulas que logren movilizar e implicar a las generaciones jóvenes e intermedias.

Siguientes pasos

Superada la etapa de diagnóstico, el proyecto afronta ahora una fase de intervención comunitaria de tres años de duración. El objetivo esencial es pasar del análisis a la acción: potenciar los activos de salud detectados, reducir las desigualdades sanitarias y articular medidas prácticas junto a los propios vecinos.

Un ejemplo paradigmático de esta unión entre vecindario, salud y deporte popular será la colaboración activa del proyecto en el emblemático Cross de Carrús, previsto para el mes de octubre.

En conclusión, el Proyecto CAIR ilustra la evolución hacia una salud pública colaborativa y cercana. Al colocar la investigación al servicio directo del barrio y convertir a la ciudadanía en motor de cambio, demuestran que la salud no se limita a un diagnóstico médico: se construye colectivamente en las calles, plazas y espacios compartidos de la comunidad.

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